Cosa baladí o cómo cambian los tiempos
Nueva pregunta lingüística desde los países nórdicos. Lo curioso es que alguien se preocupe por el significado de baladí, pero eso muestra el interés que el español despierta en el norte de Europa en particular y en el mundo civilizado en general.
La expresión antigua es “cosa baladi”. Es decir, la que no se apreciaba porque era producto directo de la tierra, no estaba manufacturada, no tenía valor añadido. De una revista saco una frase de Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata en América allá por el siglo XVI: “Enriquecidos con aquellas presas baladíes de que hacían tanta estimación”. ¿Su origen? En el árabe, claro, como bien advierte la fonética. Balad es tierra o provincia (y por eso durante siglos baladí fue, también, provinciano), y baladí era en ese idioma “del propio país”. El último diccionario de la Real Academia Española propone una segunda acepción, “De poca importancia”.
¡Cómo cambian las cosas! Hoy lo que da la tierra tiene una alta cotización: la agricultura ecológica es más cara que la contaminante.
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