El testimonio del padre Roger Riou
El día siguiente, el hombre volvió, acompañado de otro preso. Apenas el guardián hubo cerrado la puerta, se echaron los dos sobre mí. Me retorcieron el brazo y me arrancaron la aguja que yo blandía como arma. Grité. El guardián respondió:
-¡Cállate! ¡Déjame en paz!
Me echaron sobre la mesa, medio aturidido. Me quitaron el pantalón. Y me violaron uno tras otro, gruñendo como bestias y murmurando obscenidades con voz ronca. Yo gritaba de dolor. Era atroz. A fuerza de debatirme, conseguí volverme un segundo. El tiempo justo de ver la cabeza del guardián que miraba. Pude ver que estaba gozando.
Volvieron cuatro o cinco días seguidos, no siempre los mismos.
El texto está sacado de Adiós a la Tortuga, la autobiografía de un ladronzuelo francés llamado Roger Riou que acabó de misionero en esa isla de piratas, una vida apasionante como pocas. Riou era un adolescente.
Y hoy, 20 de noviembre, cuando unos cientos de blogueros nos hemos puesto de acuerdo para alzar nuestra voz contra los abusos sexuales, ese texto viene como anillo al dedo.
¡Ah! Y la Guardia Civil tiene una división de delitos telemáticos. Pincha aquí. y mándales los enlaces de pornografía infantil.
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