En Finlandia no se fuma (ni tampoco se entiende a Esperanza Aguirre)
En Finlandia no se fuma. Punto final. O mejor dicho, uno fuma cuanto le da la gana en su casa y en la calle. No en los centros de trabajo y no, por supuesto, en cafés (bares no hay, pero cafés, por todas partes) ni en restaurantes. No se entiende muy bien esa ambivalencia española de aquí sí, aquí no. Aquí de la mitad para allí sí, aquí de la mitad para el otro lado tampoco. Y, desde luego, nadie puede comprender que la presidenta de una comunidad autónoma -léase Esperanza Aguirre en Madrid- haya intentado desobedecer al Estado diciendo que en su territorio hacía lo que le daba la gana y no iba a cumplir la ley… ¡y no hubiese dado de manera inmediata con sus huesos ante un juez! “Entonces España no es un país enteramente democrático, quedan algunos que añoran la dictadura”, me dice una finlandesa profesora de español. No sé si Esperanza Aguirre añora otra dictadura que no sea la suya, pero, desde luego, la salud democrática de España no resulta comparable a la de Finlandia, considerado en todos los índices como el país menos corrupto del mundo.
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