Más nombres (completos) raros
Al tener el español dos apellidos -y sobre esto ha habido polémica soterrada sobre si el orden es sexista o no, que a todo llegamos en este país-, en ocasiones se dan mezclas curiosas. Quizás sean apócrifos Dolores Fuertes de Barriga y Armando Guerra Dura, pero en los medios de comunicación han aparecido en este siglo XXI algunos tan interesantes como Sandalio Botín Descalzo (en este caso lo que roza la indignación es el nombre, al igual que en el caso, del siglo XX, Santo Santos Santos). A Román Calavera Calva seguro que la gastaban bromas en el instituto, al igual que a Antonio Bragueta (no consta su segundo apellido). Y para nombres propios, el que lleva la ciudadana Barco del Río: María del Mar. En otros casos, esa conjunción de apellidos daba lugar a bromas inmerecidas, puesto que Folla Abades tiene una primera parte que nada tiene que ver con el acto sexual, sino con hoja. Y, en fin, hasta hace muy pocos años, y siguiendo una antigua costumbre social hoy casi desaparecida, figuraba una Viuda de Diez. La broma era a ver quién era el once.
Sea escrito todo eso con el máximo respeto para ellos, por si leen estas líneas.
Un libro que recuerda las ideologías totalitarias de los años 30 (II)
María Luisa Abad, a tono con las ideologías que en los años 30 del siglo pasado que florecieron en Europa con el trágico final sabido y el continente arrasado, continúa en su nuevo librito Manual para coeducar na escola infantil publicado en gallego por Edicións Xerais y la Xunta (gobierno autonómico) de Galicia : “En general tendremos que vigilar nuestras actitudes (se refiere al profesorado), intentar corregir los efectos no deseados da la construcción de la “masculinidad” y “feminidad” de las criaturas que tenemos a nuestro cargo. Se trataría básicamente de reducir la agresividad y la competitividad en el caso de los niños y de aumentar la seguridad y la mejora de la autoestima de las niñas”. A los españoles de más de 50 años ese lenguaje les sonará puesto que lo estudiaron, obligatoriamente, en una asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional, corpus ideológico del franquismo. Lo que no es del franquismo es la propuesta de que “sería muy intersante hacer grabaciones de nuestras intervenciones y después analizarlas desde este punto de vista del lenguaje inclusivo (se refiere al lenguaje no sexista, en su opinión) con el fin de ir mejorando”. El franquismo, para eso, tenía toda la red policial represiva a su alcance, comenzando por la Brigada Político Social. Pero el trasfondo es el mismo, como puede ver cualquiera.
Una labor de policía política es lo que propone la autora en la pág 26, con instrucciones demasiado extensas como para reproducirlas entre las que se incluyen no transmitir leyendas tradicionales si el centro considera que son sexistas, no contar cuentos clásicos por la misma razón y, sin embargo, elaborar nuevos materiales en los que las ilustraciones sean “hombres cambiando pañales, bañando bebés, limpiando…, mujeres pilotando aviones, cirujanas, bomberas, soldadoras…”. Propone que se pinten los pasillos de los colegios con niños “jugando con muñecas”, y califica cualquier trifulca de patio de colegio en que participen ambos sexos como “agresión sexista”.
Advierte también (pag. 33) contra el uso de vestidos que “inmovilicen” a las niñas y les dificulten jugar, porque eso es una muestra de sexismo y lo que se pretende aunque sea inconscientemente, y afirma, sin más respaldo que el haberse mirado al espejo, que “está comprobado que hacemos muchas diferencias en el trato diario”, algo que entiende que es negativo puesto que, al parecer, no se debe hacer diferencias (¿De qué estilo? No lo explica).
Entrando en la recta final manifiesta sin complejos que “¡la masculinidad y la feminidad se aprenden!”, y en esa línea, anima a “hacer conscientes a nuestras hijas e hijos de que quien observa un maltrato y no hace nada por evitarlo significa que quien intimida se va a envalentornar y va a aumentar el número de víctimas. Indicarles que si no se hace algo, quien agrede puede pensar que tiene nuestra aprobación por lo que se hace”. Teniendo en cuenta que siempre se refiere a niños pequeños, ni siquiera adolescentes, el párrafo parece insólito (imagínese un niño de 5 ó 7 años), pero más aún lo es el siguiente:
“(Debemos) pedirles que persuadan a la víctima de que denuncie el hecho o que se ofrezcan a denunciar el tema si la víctima no se atreve”. ¿Alguien puede imaginarse a una niña de 4 ó 9 años haciendo eso y plantándose en comisaría?
Y comienza el final con esta frase: “Ya explicamos que el rol sexual es una invención cultural”.
Un libro que recuerda las ideologías totalitarias de los años 30
Una editorial seria como es Edicións Xerais de Galicia colocó en las librerías un folleto de 40 páginas subvencionado por la Xunta (gobierno autonómico) de Galicia (en honor a la verdad, por el anterior gobierno, socialista-nacionalista) titulado Manual para coeducar na escola infantil, frase en gallego que no necesita traducción. Su autora es María Luísa Abad Abad. En un lenguaje feminista radical, comienza afirmando que “personas observadoras cualificadas consideran que es totalmente imposible adivinar el sexo de una criatura en las primeras edades” (original en gallego, como toda la publicación). Obviamente, no especifica quiénes son esas personas “observadoras cualificadas” ni dice qué requisitos se necesita para figurar en ese grupo.
De ese tenor es el libelo, publicado al amparo del artículo 20 de la Constitución española que protege la libertad de expresión y de imprenta. Todo el texto rezuma amenaza (es lo más suave que se puede decir) e imposición para conducir a un tipo de sociedad asexuada donde, quizás funciones reproductivas aparte (aunque es un capítulo que no trata), todo el mundo es igual no en el aspecto jurídico (que se cuida muy mucho de tratar) sino en el biológico, con diferencias que no aparecen en la primera infancia. Obviamente, todo ello basado en el concepto (anglicista) de género, de uso coloquial pero no admitido por la Real Academia Española ni por multitud de investigadores sociales. Llega a afirmar que la existencia de roles sexuales son “un conjunto de prescripciones culturales que poco a poco (la “criatura”) va interiorizando de acuerdo con las expectativas de las personas adultas que están a su alrededor”, de innegable toque roussoniano (pág. 16).
La penúltima pasayada española: repartir por contrato las tareas del hogar
En este país de pandereta que es España la última genialidad hay que atribuírsela a una autodenominada Asociación de Hombres por la Igualdad de Género. Su coordinador, Antonio García, ha salido con una auténtica pata de banco digna de figurar en el bestiario carpetovetónico: propone ni más ni menos que repartir “por contrato” las tareas del hogar. Y se entiende que, si no se cumple un contrato, alguna penalización va a haber. Sería delicioso ver a una pareja ante el juez diciendo que “el martes no puso él/ella la lavadora, por lo cual me siento dañada/o moralmente, lo cual se cuantifica en la multa/pena de…”. La cretinez llevada al extremo que sigue con un cuestionario en el que los hombres tienen que contestar a la pregunta “¿Quién hace estas tareas en tu casa?”, en relación a diez labores cotidianas. Luego, los que no aprueben ese cuestionario deben de “replantearse cuál es su posición”. Ese proceso termina en la firma de un contrato en el que figure el reparto de las tareas domésticas “en una proporción no menor al 40% ni mayor del 60% entre hombres y mujeres”. Es decir, que si usted trabaja 8 horas fuera y su pareja es ama/o de casa, usted cuando termina de aguantar a su jefe o de deslomarse en la cadena de montaje o llega de la jornada de pesca tiene que hacer por lo menos el 40% de las faenas domésticas. Si, por ejemplo, ha entrado en la mina o en la constructora a las 8 de la mañana y llega a casa a las 6 de la tarde, y su pareja no trabaja fuera del hogar, ya sabe que le esperará poner la lavadora, el lavavajillas y hacer dos camas. Con un par.
Eso sí: la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (otros que tampoco se han enterado que la RAE no admite el anglicismo “género” y remite a “sexo”) se cuida muy mucho de criticar las dos leyes auténtica y profundamente sexistas de este país: la que sitúa ciudadanos de primera y de segunda a la hora de divorciarse y a la hora de los malos tratos.
Lo dicho: unos payasos.
PD/ En el hogar del moderador de este blog la lavadora se pone por igual, pero su pareja prefiere hacerlo ella porque dice, con razón, que entiende más de ropa y de temperaturas, así que al cabo del mes hay un serio desequilibrio.
La corrupción da votos
Las recientes elecciones al Parlamento europeo han demostrado una cosa en España: en aquellos enclaves donde los políticos (generalmente ligados al PP, pero no exclusivamente) han sido detenidos o al menos seriamente acusados de corrupción y nepotismo los votantes les han dado un respaldo aún mayor que el que tenían. Es decir, la corrupción en España no sólo sale gratis para el corrupto, sino que goza de los favores de los administrados, como así expresan libremente en las urnas.
Entender esto no es fácil, sobre todo para los ciudadanos del norte de Europa. Se asienta sobre bases sociales centenarias de clanes y favores, un sistema de relaciones que nada tiene que ver con la democracia. El corrupto no sólo llena su bolsillo, sino también el de los amigos y su círculo de influencia y, lo que es más importante, genera trabajo en su territorio. Por eso la mafia italiana o los narcotraficantes colombianos gozan de tanto apoyo popular.
En el caso de España, la periodista Gabriela Cañas cita, por ejemplo:
En enero pasado, el pequeño pueblo canario de Mogán fue noticia destacada. La policía detenía de nuevo a su alcalde y a otros cuatro colaboradores y funcionarios. La acusación: prevaricación, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias. Ese alcalde se llama Francisco González y es del Partido Popular. Cinco meses más tarde, ese partido ha aumentado su apoyo electoral en el pueblo logrando el 69% de los votos en las elecciones europeas.
Para Willy Meyer, europarlamentario de Izquierda Unida, la situación se define así:
Es como si la sociedad española no considerara la ética civil.
Los casos del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, que en cada consulta electoral saca más votos a pesar de estar “perseguido por la Justicia y estar imputado por la Fiscalía Anticorrupción por fraude fiscal y delitos contra la Administración pública” (texto de la misma Gabriela Cañas) o el del presidente de la Comunidad Valencia, Francisco Camps, en situación más o menos semejante, parecen dar la razón a quienes piensan que España, todavía, es diferente.
El paro en España: febrero marca tendencia
Al nuevo gobierno de España, que acaba de tomar posesión hace unas horas, le ha caído la primera mala noticia: junto con Irlanda, el país ha visto cómo el paro se incrementaba en febrero de tal forma que ambos están a la cabeza de esa lista. Así, aumentó en ese mes un 0,7% tanto en un sitio como en otro, situándose en 15,5% y 10%. Lo dice la OCDE, que sitúa a Dinamarca en el 4,8%. La media en la Unión Europea es del 7,9%.
El dato supone más leña al fuego a los corifeos de la derecha, que desde hace dos meses han comenzado al alimón una campaña de desprestigio del presidente Zapatero del estilo de la protagonizada por Aznar hace tres lustros con aquel repetido hasta la saciedad “Váyase, señor González“, en alusión a Felipe González. Los medios no están conformes día tras día con ninguna de las decisiones de Zapatero y, haga lo que haga, o rectifica, o se acuerda tarde, o es insuficiente, o…
(Desde luego, continuará).
Baja el número de divorcios en España (ya no es tanto negocio)
Sin ánimo de tomarse a broma algo que es muy serio, una parte de los divorcios está dominada por la economía. En España, claro, porque en los países serios del norte de Europa no hay leyes discriminatorias como aquí, resabios del sexismo que siempre ha imperado en este país. Porque la legislación, tal y como está, garantiza una cosa: que en un elevadísimo porcentaje de casos el divorcio -aspectos afectivos aparte con los que no es tolerable jugar- constituye siempre un buen negocio para la mujer con hijos menores de edad.
La situación ha cambiado de repente y en los últimos meses ha descendido el número de divorcios. En la zona de Santiago de Compostela y municipios aledaños, un 10%. Y tanto los observadores como fuentes del Consejo del Poder Judicial apuntan a la crisis económica como la causa de esa reducción. Es decir, aquellas o aquellos que en una situación boyante cogían puerta han decidido darse otra oportunidad. Lo cual quiere decir, entre otras cosas, que si un divorcio es siempre un fracaso (al menos para uno, cuando no para los dos cónyuges), las penas con pan son menos penas. Y ahora el pan escasea. O sea, se registran muchos divorcios que se pueden evitar con un poco de interés. Lo cual no viene nada mal, por cierto.
¿Quién dice que el agua está cara?
Dice la factura del agua que he consumido 39 metros cúbicos en tres meses. Normal. Y por ello, y con el gasto de alcantarillado, he abonado una factura de 28,84 euros, IVA (7%) incluido, que viene siendo 1,89 euros. Todo ello quiere decir que pago por consumo de agua 0,16 euros por lols 433 litros que consumo al día. O sea, una cantidad tan irrisoria que la mayoría de las calculadoras ni la cogen.
Luego dicen que la vida está cara, y un bien de absoluta primera necesidad se regala. País…
El coche de Feijoo: empezamos mal
Un asunto menor caló entre la ciudadanía y se convirtió en un problema político: el presidente en funciones de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, había comprado en diciembre del 2007 un coche de casi 80 millones de las antiguas pesetas. Su negativa a confirmar el precio y el escudarse en “razones de seguridad” le menguaron votos el pasado domingo. Alberto Núñez Feijoo, victorioso líder del PP en la cita con las urnas, sacó el tema a relucir en plena campaña electoral y aseguró en Vigo que volvería a la ciudad en un Citroën fabricado allí mismo.
Ayer, Feijoo cometió su primera metedura de pata demostrando que no se aprende en cabeza ajena y que las siguientes elecciones quedan muy lejos, así que hay patente de corso: anunció la compra de un Citroën, en efecto, fabricado en Francia y no en Vigo, el más alto de la gama (“¿No le llegaría un C5, que es un gran coche?”, era el comentario más extendido en la calle) y que tiene un precio de 60.000 euros, blindaje y extras de ese estilo aparte. O sea, primer engaño, y no sólo por el hecho de que el coche no se fabrique en la ciudad gallega -un tema sin gran importancia real pero sí simbólica, pero que en todo caso se puede explicar ya que los ciudadanos no son tontos- sino que anuncia que su primera medida será rodearse de lujo. En el inconsciente colectivo se asentó la idea, a lo que se ve equivocada, de que Núñez Feijoo, si llegaba a presidente, utilizaría uno de los muchos Citroën C5 que ya posee el Gobierno autonómico. Pero no: empleará el dinero de los ciudadanos en un bien absolutamente innecesario. Y aún tuvo o la insensatez o la desfatachez o la ignorancia de decir “es un coche muy digno para el presidente de la Xunta”. ¡Sólo faltaría! Menos mal que en la Red algunos se lo toman con humor.
Si esta es la moderación y reducción del gasto que anunciaba desde la oposición, que Dios nos coja confesados cuando tome posesión formal de la Presidencia de la Xunta de Galicia.
“Pachi” Vázquez: el enésimo error del PSOE
Todo apunta hoy a que el conselleiro de Medio Ambiente en funciones de la Xunta de Galicia, Pachi Vázquez, será el próximo líder de los socialistas gallegos tras la inapelable y durísima derrota electoral del pasado domingo y la dimisión de su número uno, Emilio Pérez Touriño.
Desde hace muchos años son conocidas las lícitas aspiraciones de Pachi Vázquez de optar a la presidencia de la Xunta. En ese sentido, no hay nada que objetar. Y si sus compañeros de partido así lo deciden, menos todavía.
Pero es un error que ve todo el mundo menos aquellos que están tan cerca que ven los árboles pero no el bosque, y casos ha habido dentro del propio partido como para tomar nota. Por ejemplo, Joaquín Almunia, un hombre del Gobierno de Felipe González, sustituyó a éste tras la pérdida del poder, con el resultado previsible en la siguiente convocatoria: un duro varapalo en las urnas que le obligó a dimitir inmediatamente y de manera abrupta y hasta descortés con sus compañeros de viaje.
La clase política debe entender que cuando el electorado rechaza una opción mete en el mismo saco al presidente, vicepresidente y su círculo político inmediato. En Galicia no se rechazó sólo a Emilio Pérez Touriño y al PSOE, sino, sobre todo, se dio un rotundo no a una forma de gobernar. Y Pachi Vázquez era uno de los que estaba en primera línea. O sea, uno de esos que el domingo fue invitado a marcharse y por la vía rápida.
Puede argumentarse, y con razón, que Alberto Núñez Feijoo, líder del PP y próximo presidente de la Xunta, fue también vicepresidente con Manuel Fraga. Y que resucitó porque la caída de su mentor y jefe no lo arrastró a él. Es el momento de recordar que Núñez Feijoo, por incapacidad o vista política, jamás estuvo en la línea de combate. Aparecía lejano, casi como un técnico, y cuando tuvo las riendas del poder soltó (casi) todo el lastre de la era Fraga. Una excepción, en efecto, que confirma la regla.
Allá los socialistas. Obviamente harán lo que quieran. Que no se lamenten cuando dentro de cuatro años no hayan ganado ni un voto nuevo. Pachi Vázquez no es su hombre.
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