Cosa baladí o cómo cambian los tiempos

Nueva pregunta lingüística desde los países nórdicos. Lo curioso es que alguien se preocupe por el significado de baladí, pero eso muestra el interés que el español despierta en el norte de Europa en particular y en el mundo civilizado en general.

La expresión antigua es “cosa baladi”. Es decir, la que no se apreciaba porque era producto directo de la tierra, no estaba manufacturada, no tenía valor añadido. De una revista saco una frase de Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata en América allá por el siglo XVI: “Enriquecidos con aquellas presas baladíes de que hacían tanta estimación”. ¿Su origen? En el árabe, claro, como bien advierte la fonética. Balad es tierra o provincia (y por eso durante siglos baladí fue, también, provinciano), y baladí era en ese idioma “del propio país”. El último diccionario de la Real Academia Española propone una segunda acepción, “De poca importancia”.

¡Cómo cambian las cosas! Hoy lo que da la tierra tiene una alta cotización: la agricultura ecológica es más cara que la contaminante.

Publicado en on Mayo 16, 2008 at 10:23 am Comentarios (0)

El español, zapateado/a

El español debe de ser el idioma más maltratado del mundo. Bien sea por la contaminación de otros idiomas, por el moderado mal nombre que pasea entre los abundantes nacionalistas de la Península Ibérica, porque nadie se ha ocupado de distinguir el español de España del de América latina, o por lo que sea, el caso es que lleva zurriagazos constantes. La última moda, muy acusada en este arranque de siglo, consiste en “visibilizar el femenino”. O sea, en olvidar la regla fundamental y universal de la economía del lenguaje y, así, colocar el femenino donde jamás estuvo. En esa línea, hace un par de meses una profesora, en un acto público de Carnaval y con varias docenas de alumnos delante, se quedó tan fresca tras decir: “Buenos días, niñas y niños, que habeis venido todas y todos disfrazadas y disfrazados a pasarlo bien juntas y juntos”. O sea, una imbecilidad (lingüística, al menos). Y es que andan sueltas y sueltos muchas y muchos imbécilas e imbéciles.

El académico y escritor Arturo Pérez Reverte, que fustiga a tales bárbaras y bárbaros del lenguaje un día sí y otro también, ha puesto en evidencia su incultura y que todos (y todas) esos (y esas) arribistas (¿y arribistos?) ignoran no sólo la Historia sino que el español tiene epicenos y ambiguos.

El sábado pasado la concejala de Turismo de la ciudad de Ourense clausuró un congreso sobre el Camino de Santiago. Y ante mis ojos acabó diciento (y perdonen mi mal latín) que había oído hablar en una intervención del “homo viator”, el hombre viajero, y que ella reclamaba, “como mujer”, que a partir de ahora se hable de “homo et mullere viatores”.

Sin ánimo de ofender, creo que esta señora es una sinantropa y una australopiteca. Porque, entre otras cosas, niega el “homo antecesor”, descubierto en un lugar que quizás le suene: Atapuerca.

 

Publicado en on Abril 28, 2008 at 12:48 pm Comentarios (5)

¿Necesita un mentor?

Curioso: una palabra que hunde sus raíces en tiempos anteriores a Jesucristo no apareció en el idioma español hasta el siglo XIX. Dice Homero en su “Odisea” que Mentor fue elegido para instruir a Telémaco, hijo de Ulises y Penélope. Mentor era un sabio guardian amigo de Ulises y se convirtió por deseo de éste en el ayo de Telémaco. Y así, 2.700 años después de que fuera escrita la Odisea, mentor es en castellano el maestro, el consejero, el guía. Eso sí: cada vez se utiliza menos.

Publicado en on Abril 15, 2008 at 8:25 am Comentarios (1)
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¡No me sea usted de baja estofa!

Una amiga danesa, profesora de español, me encarga que bucee por aguas literarias y gramaticales en busca del origen de la expresión “de baja estofa”. Se trata de una locución adverbial que se refiere a una persona (y también a una cosa) de baja condición (o de baja calidad). O sea, que no se trata precisamente de un piropo. Su categoría moral e incluso social andan por los suelos si usted es un individuo de baja estofa.

El gran lingüista y humanista Antonio de Nebrija da como significado “labor acolchada”. ¿Y qué quería decir con eso? Aludía al tejido de que se hacían sus ropas los campesinos y, de una manera más general, las personas de clase baja. Por extensión, de baja estofa pasó a calificar a aquello que procedía de un ámbito social que no sabía lo que era el cuidado, el refinamiento. O sea, del ámbito rústico en su sentido más despectivo. ¿Su antigüedad? La expresión nació en el siglo XV.

Publicado en on Marzo 23, 2008 at 6:03 pm Comentarios (2)
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