Luis Buñuel visto por su viuda

No es oro todo lo que reluce, pero el mundo del cine tiende a transformar la visión serena. Así, a un señor que haga buen cine (o lo que se considera bueno, vaya usted a saber) se le disculpa todo y se le endiosa. En las Memorias de una mujer sin piano, editadas ya casi hace una década pero que ahora vuelven a andar por ahí, la viuda de Luis Buñuel, Jeanne Rucar, deja claro su amor por el director pero deja también perlas como estas:

Una mañana… se me ocurrió pasar a saludarlos. Ana María había salido y charlé un rato con Gustavo antes de volver a casa. “Vengo de casa de los Pitaluga, Gustavo te manda recuerdos”. Luis se puso blanco de rabia. “¿Qué me dices, Jeanne? ¿Te acostaste con él?”

Tras la negativa, Luis no me contestó. Subió a su habitación a buscar una pistola, bajó con ella y delante de mí llamó a Gustavo. “Gustavo, voy enseguida a tu casa para matarte”. Gustavo consiguió calmarlo finalmente no fue muy fácil.

La cosa debía de tener su miga, porque afirma que Luis era bueno conmigo. Me cuidaba; supo amarme. Nuestro matrimonio duró 50 años… Nunca pensé divorciarme. Luis era celoso, dominador, pero tierno también.

El caballero pertenece al capítulo de armas tomar, aunque ello no quita para que no todo el mundo esté de acuerdo con que alguien cuente con pelos y señales cómo era la vida en común: En cuanto nos instalamos juntos en Madrid puso la norma siguiente: él podía recibir a sus amigos en casa, yo no… Luis y sus amigos se encerraban en el bar y la mayoría de las veces me pedía que les dejara solos.

O ahí va otro párrafo:

Cuando yo salía tenía que estar de vuelta a casa a las cinco en punto. Él, siempre, me esperaba en la puerta. Si llegaba algunos minutos tarde, me regañaba. Mis actividades le daban celos: no me permitía tocar el piano o me prohibía la gimnasia, que practicaba antes de conocer a Luis. Y cuando los hijos se independizaron y descubrí la encuadernación, también me lo prohibió…

En dineros, más de lo mismo: Si me hacía falta, se lo pedía a Luis. Abría su cartera y me lo daba.

No hacen falta muchos comentarios más sino repetir que idolatrar a alguien por su profesión no lo convierte automáticamente en una buena persona. Al menos no en una buena pareja. Porque aguantar al tal Luis Buñuel, del que dice que fue un buen cineasta, tiene su miga…

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