Archive for the ‘Enseñanza Media’ category

“Harre, burro!”

febrero 6, 2009

Me comenta un amigo, profesor de Lengua Española en un instituto, que cada vez se escribe peor, y lo achaca a una docena de causas. Entre los ejemplos que me cita está un “¡Harre burro!” que dejó, negro sobre blanco, uno de sus alumnos. Lo dice por esa “h” inicial, claro.

Había que ser diplomáticos y lo fui: el alumno tenía razón… relativa. Porque en la Edad Media así se escribía, y tal cual aparece en, por ejemplo, Juan Ruiz (siglo XIV).

Otra cosa es que el alumno lo supiera. Yo creo que, simplemente, no hizo un acto de erudición, sino que cometió una falta de ortografía.

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190.000 niños sin clase en España a causa del viento: una vergüenza más que añadir a la lista

enero 23, 2009

La Consellería de Educación (ministerio autonómico) de Galicia ha decidido a última hora de ayer avisar por SMS a los profesores de enseñanza infantil, primaria y secundaria de las provincias de A Coruña y Lugo de que hoy no hay clase. Por emplear la expresión -poco educada- española, con un par. En total, cerca de 190.000 alumnos se quedan de repente en sus casas y 820 centros permanecerán cerrados. ¿La causa? Que para hoy se prevén fuertes vientos en esas provincias que pueden alcanzar los 140 kilómetros por hora. Un dato éste que se sabía por las agencias meteorológicas oficiales poco antes de las 10 de la mañana de ayer, pero que la Consellería de Educación prefirió ignorar… hasta que era noche bien cerrada.

La reflexión es inmediata y lógica: ¿cómo hacen los finlandeses, números uno en el informe Pisa y que tienen unos inviernos con nieve, viento y temporales de toda guisa? ¿Y los noruegos, en cuyas costas el mar bate que ríase usted? ¿Y los suecos del sur, de esa maravillosa región plana que es Escania y donde el viento arrasa ahora mismo? ¿Y los habitantes de Odense, que siguen acudiendo a sus trabajos en bicicleta con un frío de rayos? Esos analfabetos de países atrasados, en fin, ¿por qué no toman nota de lo que se hace en el noroeste español?

Hay dos argumentos que se van a escuchar a lo largo del día de hoy: uno, que es por el bien de los niños; el otro, que no hay medios ante una contingencia de este estilo. El primero es demagógico en un país donde millones de infantes van todos los días en los autobuses escolares sin cinturón, por la sencilla razón de que no es obligatorio disponer de ellos, algo que a los padres les trae sin cuidado porque más de la mitad de los que son transportados en vehículos privados circulan sin cinturón ni nada que se le parezca.

El segundo es cierto: todo el mundo protesta cuando hay nieve o temporal y argumenta que dónde están los medios, las máquinas. Eso sí, de pagar impuestos para comprarlas, nada de nada. Que vengan las transferencias que nos hacen alemanes, daneses, suecos o finlandeses vía Bruselas.

200.000 niños sin clase y en las cercanías de Santiago de Compostela sopla una pequeña brisa que me ha permitido dar una vuelta y disfrutar de esta noche cálida. Por acabar con otra frase española: otra vergüenza torera.

Los profesores españoles, muy bien pagados

septiembre 10, 2008

El título de este post le sonará a ironía a muchos. Sobre todo a aquellos que se manifiestan enemigos de cualquier comparación para así arrimar el ascua a su sardina. Claro que no lo digo yo, sino la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en su muy reciente informe Panorama de la Educación 2008. En una tabla recoge los salarios mínimos y máximos en varios países, tanto en enseñanza primaria como en enseñanza secundaria. Por ejemplo, un docente español de primaria gana más (mínimo y máximo) que un colega francés, griego, italiano, holandés, finlandés, sueco e inglés, por ejemplo. Si es de secundaria, supera a franceses griegos, italianos, suecos e ingleses. Con una diferencia nada secundaria: en países como Holanda, Finlandia o Suecia, por ejemplo, los impuestos son sustancialmente más altos que en España, como sabe todo el mundo.

Otra diferencia más: las vacaciones estivales que aquí semejan perpetuas no existen en los países serios, donde el profesor no puede poner el examen que le da la gana ni calificar como quiera, o donde, por ejemplo, tiene obligación de mirar dos veces al día el correo electrónico. Y no, no me hable del Informe Pisa para no ponerme colorado.

Para terminar, lo mismo pero en cifras. Entre paréntesis, el salario bruto máximo.

Infantil:

  • España: 28.995 (41.876)
  • Francia: 24.433 (40.634)
  • Grecia: 23.058 (33.825)
  • Italia: 21.257 (31.332)
  • Suecia: 23.018 (31.369)
  • Media OCDE; 24.433 (40.643)

Secundaria:

  • España: 33.326 (47.220)
  • Portugal: 17.624 (45.263)
  • Alemania: 39.679 (50.827)
  • Holanda: 29.867 (60.095)
  • Finlandia: 27.184 (47.295)
  • Media OCDE: 27.314 (45.980)

La educación no es igual para todos los españoles

mayo 12, 2008

Los países fuertemente centralizados, como Francia, tienen sus problemas. Los no centralizados, como España, también. El que un sistema sea mejor que otro no depende de dónde se tomen las decisiones, sino de su eficacia, de planificar de manera aceptable o no la vida diaria de los ciudadanos y sus necesidades.

En España existe un Estado de Autonomías. Es decir, nacionalidades y regiones se autogobiernan hasta un límite que roza el federalismo, pero sin traspasar la línea. La mayoría de las competencias que afectan a esa vida diaria se encuentran transferidas, y no dependen para nada de Madrid y su Gobierno. Por ejemplo, la educación.

Cada comunidad organiza su sistema de enseñanza dentro de un organigrama general que existe para todo el Estado. Pero al hablar de dineros, cada una hace sus presupuestos. Por ejemplo, en el País Vasco (número uno) el gasto medio anual por alumno de enseñanza no universitaria escolarizado en centros públicos asciende a 8.858 euros. En Galicia (número seis de la lista), a 5.947. Abajo de todo, Andalucía (4.211) y Murcia (4.320), que son las comunidades que menos invierten en educación. La media española se sitúa en 5.299.

En otras palabras, los chavales vascos tienen muchos más medios que los murcianos en este capítulo. La deducción es obvia, porque la desigualdad en la educación se transforma en más desigualdad laboral y social en la etapa adulta.