Archive for the ‘Juventud’ category

La oleada de divorcios y el tipo de trabajo hacen que un millón de chicos españoles se sientan solos

septiembre 12, 2008

Uno de cada 10 niños de 7 años pasa solo todas las tardes en casa. Casi la mitad de los niños de entre 6 y 14 años tienen móvil y medio millón sólo se entretienen con la tele. Además, 920.000 menores españoles (el 27%) confiesa sentir soledad incluso cuando están con sus padres. Así lo afirma la Encuesta de infancia en España 2008 , una macroinvestigación (la mayor que se llevó a cabo en el país) destinada a saber qué piensan los más pequeños. Para ello se han realizado nada menos que 15.000 entrevistas, encargadas por la Universidad Pontificia Comillas, el Movimiento Júnior AC y la Fundación Santa María. O sea, entidades ligadas al sector más liberal y abierto de la Iglesia Católica.

El dato que más preocupa a los investigadores sociales es que 350.000 chicos de 6 a 14 años (17% del total) estén solos una tarde tras otra, sin ningún adulto que les haga caso. Pero desmenuzando las cifras, todavía es peor: el 5% de los niños de 6 años está incluido en ese grupo. Para los autores del estudio, Fernando Vidal y Rosalía Mota, existe “un porcentaje del 10% al 20% de niños en riesgo social de aislamiento”, lo cual puede llevar en el futuro próximo a la no integración social.

Sobre todos los hijos de los inmigrantes y los de españoles pertenecientes a clases sociales bajas, pero no sólo ellos, pasan las tardes completas delante de un televisor. Además, un 4% de los menores asegura que sufre violencia sistemática en la escuela por parte de sus compañeros. Se echa en falta (por lo menos en las reseñas periodísticas) un capítulo aparte para los hijos de los divorciados, puesto que a nadie se le escapa que la separación de los progenitores es un elemento fundamental en la vida de los niños y la condiciona.

El periódico La Voz de Galicia incluye una entrevista con Fernando Vidal y una ficha sobre la familia tipo en España. También El País publica una información amplia.

 

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Nombres raros en España (¿y IV?)

agosto 29, 2008

Siempre queda algo en el tintero y siempre aparece algo nuevo. Los nombres y las modas sobre ellos cambian, por ejemplo. He conocido a personas bien mayores llamadas Honorina o Asirio, Rufino o Gracinda. Aladino o Salfira. Al igual que Sandalio, Felisardo, Juventina, Celedonia o Silesio, cuando fueron bautizados también les rebuscaron el nombre, puesto que alguno de esos es excepcional (Silverio, menos) y es de suponer que en su entorno social causarían tanta sorpresa como hoy sucede con otros.

Porque sorpresa tienen que llevarse los profesores de Yamunchi, y ya no digamos los de Jeymi Vanesa (¿cómo lo pronunciará?). Kimberly se pasará la vida aclarando que empieza por k y termina con y. En Valencia hay una Yulisa. María de las Piedras al menos lo pronunciará sin problemas cuando vaya al colegio en su Asturias natal…

Pero estoy convencido: aparecerán más, muchos más. Porque en este país vale todo. Aclaración final: ninguno de los padres de esos pequeños ciudadanos es inmigrante.

Nombres raros en España (entrega III)

agosto 28, 2008

Turno para ellas, víctimas inocentes de cualquier ventolera que le da a los padres u otros familiares. Como en España uno se llama de cualquier forma, hay algunas Nicole, lo cual aún se puede pronunciar en castellano. Más difícil lo tienen las Jahanara, e ingoro si pronuncian la h aspirada o la convierten en muda las Haizea. Unas sí y otras no, supongo.

Alguno oyó campanas pero no supo dónde, y tan tranquilo inscribió a la niña como Xerezade (el original es con Sh inicial). Y, en fin, los nervios al escribir debieron de trastocar alguna vocal, y ahora hay infantas llamadas Menalia (sí, no hay error, no es Melania, no). En una empresa gallega trabaja Nórica (pudo ser peor, le pudieron haber puesto el grupo Nh inicial o h muda al final, por ejemplo), y Pika tiene que aclarar que no es diminutivo de nada, sino que se llama así.

Por cierto, ninguno de los familiares de esas niñas es inmigrante -porque entonces sí se entendería tan extraños nombres- y, por supuesto, todas ellas han salido públicamente en algo, por lo general en un periódico. ¿Y el sentido común? Esa sí que es otra historia, pero el legislador que consiente eso carece de él, desde luego.

Nombres raros en España (entrega II)

agosto 26, 2008

La legislación española permite llamar a un niño o niña de cualquier manera. Los límites son tan difusos que en la práctica lo único prohibido es poner nombres malsonantes o insultantes. Por lo demás, todo vale. El anárquico secular espíritu español del “yo hago lo que quiero y puedo” se manifiesta también a la hora de registrar al nacido. Como primera consecuencia, cada vez son más -y suman legión- los centros educativos que han prohibido o recomendado a los padres que no celebren de ninguna manera el santo de los niños (muchos llevaban golosinas, tarta o chucherías al aula) excepto en el ámbito privado, claro está. Lo contrario implica -entienden- una discriminación para aquellos niños que no pueden celebrar su santo puesto que sencillamente no lo tienen.

Otro problema que ya apareció en la adolescencia es el mero hecho de tener que explicar en cualquier situación (máxime si es ante un funcionario) cómo es el nombre. Por ejemplo, en un aula de adolescentes del centro de A Coruña se juntaron una Jessica, una Yessikah y una Yésica. En las de al lado había una Jennifer, una Yeni y una Jeni. “Me llamo Yessikah, con y, doble s, con k y acabado en h” es la manera de decir su nombre una de ellas. Otra dice “Me llamo Jeni con j”. Una tercera dice: “Me llamo Yésica, así como suena”.

Ante el ancho es Castilla y todo vale, adolescentes españoles cuya familia nada tiene que ver con la inmigración pasean como pueden su nombre: Brayan (así escrito, no hay errata), Dakota (ante las dudas, conviene aclarar que es un niño, no niña), Arael (otro niño), Aquior, Axel Zena, Nahuel… varones también. Otro día hablaremos de las hembras.

Una locura. Sencillamente. Pero es que el país no da para más, mal que le pese a algunos y lo intentemos otros más.

La educación no es igual para todos los españoles

mayo 12, 2008

Los países fuertemente centralizados, como Francia, tienen sus problemas. Los no centralizados, como España, también. El que un sistema sea mejor que otro no depende de dónde se tomen las decisiones, sino de su eficacia, de planificar de manera aceptable o no la vida diaria de los ciudadanos y sus necesidades.

En España existe un Estado de Autonomías. Es decir, nacionalidades y regiones se autogobiernan hasta un límite que roza el federalismo, pero sin traspasar la línea. La mayoría de las competencias que afectan a esa vida diaria se encuentran transferidas, y no dependen para nada de Madrid y su Gobierno. Por ejemplo, la educación.

Cada comunidad organiza su sistema de enseñanza dentro de un organigrama general que existe para todo el Estado. Pero al hablar de dineros, cada una hace sus presupuestos. Por ejemplo, en el País Vasco (número uno) el gasto medio anual por alumno de enseñanza no universitaria escolarizado en centros públicos asciende a 8.858 euros. En Galicia (número seis de la lista), a 5.947. Abajo de todo, Andalucía (4.211) y Murcia (4.320), que son las comunidades que menos invierten en educación. La media española se sitúa en 5.299.

En otras palabras, los chavales vascos tienen muchos más medios que los murcianos en este capítulo. La deducción es obvia, porque la desigualdad en la educación se transforma en más desigualdad laboral y social en la etapa adulta.

El eterno tema del alcohol

abril 4, 2008

Llega a mis manos el informe de la Fundación La Caixa centrado en España y titulado “Adolescentes ante el alcohol. La mirada de padres y madres”. Para meterse bajo la mesa y echarse a temblar. Grethe Christensen, profesora danesa a quien tengo por una excelente hispanista refugiada en su humildad, debería de hacerse con un ejemplar, ya que su estudio sobre el botellón se vería bien documentado. Como no voy a reproducir el informe, entresaco a boleo algunas afirmaciones. Por ejemplo:

Nueve de cada diez adolescentes aseguran que en su casa se meten entre pecho y espalda bebidas alcohólicas.

Los padres consideran que no procede hablar con sus hijos sobre el riesgo de esa bebida (bien porque es “precipitado”, bien porque es “inútil”) y llegan a aceptar que el consumo constituye un rasgo de madurez.

Además, el número de jóvenes que practican el botellón semanalmente se ha duplicado en los últimos seis años: del 6,1% al 12,3%).

La edad de iniciación al consumo sigue estable: entre los 13 y los 14 años, si bien el 7% de los chicos de 12 bebe con desigual cadencia.

¿Que se quiere ver de manera positiva? España es el decimoprimer país en la clasificación europea según los litros de alcohol puro consumidos al año: 9,9 por persona. Muy por debajo, por cierto, de los que ocupan los dos primeros puestos: Luxemburgo (14,61) y República Checa (13,67).

En cualquier caso, los padres españoles se sitúan como meros espectadores ante ese panorama. Y eso es lo que me da miedo.