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El coche de Feijoo: empezamos mal

marzo 5, 2009

Un asunto menor caló entre la ciudadanía y se convirtió en un problema político: el presidente en funciones de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, había comprado en diciembre del 2007 un coche de casi 80 millones de las antiguas pesetas. Su negativa a confirmar el precio y el escudarse en “razones de seguridad” le menguaron votos el pasado domingo. Alberto Núñez Feijoo, victorioso líder del PP en la cita con las urnas, sacó el tema a relucir en plena campaña electoral y aseguró en Vigo que volvería a la ciudad en un Citroën fabricado allí mismo.

Ayer, Feijoo cometió su primera metedura de pata demostrando que no se aprende en cabeza ajena y que las siguientes elecciones quedan muy lejos, así que hay patente de corso: anunció la compra de un Citroën, en efecto, fabricado en Francia y no en Vigo, el más alto de la gama (“¿No le llegaría un C5, que es un gran coche?”, era el comentario más extendido en la calle) y que tiene un precio de 60.000 euros, blindaje y extras de ese estilo aparte. O sea, primer engaño, y no sólo por el hecho de que el coche no se fabrique en la ciudad gallega -un tema sin gran importancia real pero sí simbólica, pero que en todo caso se puede explicar ya que los ciudadanos no son tontos- sino que anuncia que su primera medida será rodearse de lujo. En el inconsciente colectivo se asentó la idea, a lo que se ve equivocada, de que Núñez Feijoo, si llegaba a presidente, utilizaría uno de los muchos Citroën C5 que ya posee el Gobierno autonómico. Pero no: empleará el dinero de los ciudadanos en un bien absolutamente innecesario. Y aún tuvo o la insensatez o la desfatachez o la ignorancia de decir “es un coche muy digno para el presidente de la Xunta”. ¡Sólo faltaría! Menos mal que en la Red algunos se lo toman con humor.

Si esta es la moderación y reducción del gasto que anunciaba desde la oposición, que Dios nos coja confesados cuando tome posesión formal de la Presidencia de la Xunta de Galicia.

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¿Costó el coche del presidente Touriño 480.000 euros (80 millones de pesetas)?

octubre 19, 2008

El presidente de la Xunta de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, se desplaza desde diciembre del año pasado en un coche oficial nuevo. Hasta aquí nada que alegar, porque es de suponer que el anterior estaría para el desguace. El que sea un Audi 8 también hay que dejarlo sin comentario en un país como España, donde todo político que se precie se cree que, desde luego, tiene derecho a coche oficial, y cuanto más grande, más poder porque burro grande ande o no ande. Ni siquiera hay que escandalizarse porque la oposición conservadora del Partido Popular ponga el grito en el cielo. Es su papel decir que el mundo se va a acabar si esto sigue así, obviando que hasta hace tres años y durante otros tantos lustros ella hizo y deshizo a su antojo. Y el PP ahora ha tenido al idea de difundir un comunicado en el que, entre otras cosas, dice que el presidente “habla de austeridad mientras viaja en un coche de 480.000 euros pagado con dinero de todos”. No acaba ahí la cosa, sino que la oposición argumenta que se trata de un “capricho del presidente” que agrede “la salud de las arcas públicas”.

Uno espera que el oscurantismo en el gasto de los lustros anteriores haya terminado para siempre, y por eso confía en una rápida respuesta, con desmentido incluido, de Emilio Pérez Touriño. Porque el PP acierta en una cosa: hablamos de dinero de todos. ¿Y qué sucede? Que desde la Presidencia de la Xunta declinaron ayer ofrecer dato alguno ya que “el coste exacto no se dice nunca por motivos de seguridad”. ¿Seguridad de qué? ¿Qué es lo que peligra si la ciudadanía conoce cuándo ha costado ese coche? ¿Los votos socialistas? Y para rematarla, también desde Presidencia se advierte que el ciudadano Pérez Touriño disfruta de curiosas prerrogativas de las que carecemos el resto de los mortales: “A veces tiene que circular a velocidad más elevada de lo normal”. ¿Por qué? ¿Cuándo es “a veces”? ¿Es que hay un golpe de Estado en marcha? ¿Se encuentra enfermo y necesita un hospital? ¿Ha pasado alguna desgracia que implique su presencia urgente? ¿O las normas de tráfico no rigen para la clase política?

En resumen, incluyendo calidad, fiabilidad, blindaje e inhibidores de frecuencia, ¿de verdad que no hay coches más baratos que 480.000 euros, que vienen siendo casi 80 millones de las antiguas pesetas? ¿De verdad que no tiene razón el PP, aunque algunos creamos que cuando llegue al poder va a hacer exactamente lo mismo?

España, país católico

mayo 28, 2008

España es un país social e históricamente católico. Esto resulta innegable. Pero la Constitución establece que hoy en día carece de religión oficial. No es un Estado laico, pero sí aconfesional. Por eso sorprende que tanto el PSOE como el PP hayan hecho un paréntesis en su batalla dialéctica habitual y hayan unido sus votos con el único fin de derrotar una iniciativa de Izquierda Unida en la que solicitaba que el juramento o promesa de los cargos públicos deje de llevarse a cabo ante la Biblia y un crucifijo.

Por encima de que a unos les parezca bien y a otros mal, resulta difícil no darle la razón a Izquierda Unida con la Constitución democrática en la mano. Porque puede llegar el día -y quizás no esté muy lejano- en que haya un ministro español de pura cepa musulmán o de cualquier otra confesión minoritaria. ¿Tendrá que prometer o jurar ante la Biblia y el crucifijo? ¿Pondrá un Corán? ¿O la representación de cualquier otra deidad? Porque la bandera y la Constitución son las que son, pero la religión pertenece al ámbito privado de cada uno.

PSOE y PP han dado un paso atrás. No en la laicidad o confesionalidad del Estado, sino en el respeto al parecer de todos los que habitan España. No se puede imponer a unos los símbolos de otros, excepto que estemos de acuerdo en que los otros también tienen derecho a imponernos los suyos. Y así empezaron docenas si no cientos de (estúpidas) guerras de religión.

Ortega Lara deja el Partido Popular

mayo 23, 2008

José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones, ha decidido abandonar el Partido Popular, en el que militaba desde 1987. No se trata de una persona cualquiera, sino de una que estuvo secuestrada por ETA durante 532 días en un agujero infrahumano (zulo) y que, cuando el grupo nacionalista armado había decidido dejarlo morir de hambre, fue rescatado por las fuerzas de seguridad el 1 de julio de 1997. Desde entonces, tras una dura recuperación sicológica, se convirtió en un icono de la resistencia frente a ETA, alineado con las tesis más duras de Jaime Mayor Oreja (ex ministro del Interior con el gobierno Aznar y partidario del enfrentamiento frontal con el nacionalismo no armado).

La marcha de Ortega Lara tiene lugar en plena y grave crisis que amenaza con dinamitar desde dentro al PP. La debilidad política de su hasta ahora número uno, Mariano Rajoy, comienza a hacerse insoportable, según los analistas. Un día tras otro se producen noticias de abandonos. Dirigentes del PP vasco afirmaron ayer que la situación “se le ha ido de las manos”, sólo 24 horas después de que su líder, María San Gil, diera un auténtico portazo a Rajoy y anunciara que se retira a una discreta segunda fila y 48 más tarde de que el propio Aznar criticara a su sucesor sin citar su nombre. También Mayor Oreja y Rodrigo Rato han rehusado reunirse con su presidente. De hecho la crisis interna ha desatado una guerra de SMS entre los propios militantes del partido, en lo que parece que es sólo un capítulo más. Continuará.

Muerte de un franquista

mayo 19, 2008

Todavía quedan franquistas en España. La enorme mayoría de esa tremenda minoría de ciudadanos añorantes de la sangre y la represión salen a pasear su nostalgia y marginación en fechas señaladas, como el 20 de noviembre, aniversario de la muerte del general Franco. Pero hay algunos que han logrado ascender y ascender. No se trata de adolescentes ignorantes y manipulados que igual estaban con el dictador que podían estar con el Partido Comunista , y que con el tiempo se hacen cruces al recordar ese pasado imberbe. Se trata de hombres hechos y derechos que ocuparon cargos como gobernador civil y jefe provincial del Movimiento Nacional, la organización de Franco, la herramienta de control policial y político durante 40 años.

Roberto García-Calvo era uno de ellos. Fue gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Almería. Un hombre de la dictadura. Un hombre que, ya que en España no se ajustó las cuentas a nadie con la ley en la mano en aras de una supuesta concordia y con grandes dosis de amnesia colectiva, debía de quedarse en un muy discreto segundo plano y dando gracias. Pero el Partido Popular acudió al rescate, con la oposición del PSOE primero y con su aceptación después: Roberto García-Calvo, el hombre que sirvió fielmente en la organización sindical y en el Ministerio de Educación a un régimen inspirado en el fascismo de los años 30, se convirtió en el 2001 en miembro de pleno derecho del Tribunal Constitucional de una democracia. Una paradoja sin comparación por el mundo civilizado adelante.

Esta insólita anomalía remató ayer: la muerte lo sorprendió sin previo aviso. Se reunió así en el más allá con las docenas de miles de fusilados por el franquismo.

 

Que siga la chapuza

mayo 13, 2008

Resulta difícil escribir citando a un partido político y, al mismo tiempo, convencer al lector de que lea lo que lea no indica que el autor se muestre a favor o en contra de ese partido, sino que se trata de una crítica o una alabanza concreta.

Dicho lo anterior, el Gobierno autonómico de Galicia (socialistas y nacionalistas) ha aprobado las llamadas Normas do Hábitat. Es decir, una regulación de las calidades de la construcción, de tal manera que desde su entrada en vigor, el pasado 17 de abril, los estándares mínimos de calidad son más altos y exigentes que lo que había hasta entonces. En otras palabras, las viviendas van a ser mejores, con mayor ahorro energético, menos humedades y más acogedoras porque muchas de ellas tampoco pueden ser tan bajas como hasta ahora.

Los constructores se han indignado, con el argumento, en el fondo, de que ellos construyen como quieren y de que la aplicación de las Normas do Hábitat va a encarecer la vivienda, algo que parece cierto y lógico si bien nada indica que vaya a haber un salto descomunal en el precio. Y el Partido Popular (conservador) viene pidiendo -la última vez, el pasado domingo- la derogación de esas normas. O sea, que continúe la especulación y la muy baja calidad imperante en los hogares de Galicia actualmente. La chapuza, en suma.

Resulta difícil de entender que un partido serio se oponga a que mejore la vida diaria de los ciudadanos. Incluso en países donde la casa no es tan importante como el coche.