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“Pachi” Vázquez: el enésimo error del PSOE

marzo 4, 2009

Todo apunta hoy a que el conselleiro de Medio Ambiente en funciones de la Xunta de Galicia, Pachi Vázquez, será el próximo líder de los socialistas gallegos tras la inapelable y durísima derrota electoral del pasado domingo y la dimisión de su número uno, Emilio Pérez Touriño.

Desde hace muchos años son conocidas las lícitas aspiraciones de Pachi Vázquez de optar a la presidencia de la Xunta. En ese sentido, no hay nada que objetar. Y si sus compañeros de partido así lo deciden, menos todavía.

Pero es un error que ve todo el mundo menos aquellos que están tan cerca que ven los árboles pero no el bosque, y casos ha habido dentro del propio partido como para tomar nota. Por ejemplo, Joaquín Almunia, un hombre del Gobierno de Felipe González, sustituyó a éste tras la pérdida del poder, con el resultado previsible en la siguiente convocatoria: un duro varapalo en las urnas que le obligó a dimitir inmediatamente y de manera abrupta y hasta descortés con sus compañeros de viaje.

La clase política debe entender que cuando el electorado rechaza una opción mete en el mismo saco al presidente, vicepresidente y su círculo político inmediato. En Galicia no se rechazó sólo a Emilio Pérez Touriño y al PSOE, sino, sobre todo, se dio un rotundo no a una forma de gobernar. Y Pachi Vázquez era uno de los que estaba en primera línea. O sea, uno de esos que el domingo fue invitado a marcharse y por la vía rápida.

Puede argumentarse, y con razón, que Alberto Núñez Feijoo, líder del PP y próximo presidente de la Xunta, fue también vicepresidente con Manuel Fraga. Y que resucitó porque la caída de su mentor y jefe no lo arrastró a él. Es el momento de recordar que Núñez Feijoo, por incapacidad o vista política, jamás estuvo en la línea de combate. Aparecía lejano, casi como un técnico, y cuando tuvo las riendas del poder soltó (casi) todo el lastre de la era Fraga. Una excepción, en efecto, que confirma la regla.

Allá los socialistas. Obviamente harán lo que quieran. Que no se lamenten cuando dentro de cuatro años no hayan ganado ni un voto nuevo. Pachi Vázquez no es su hombre.

¿Costó el coche del presidente Touriño 480.000 euros (80 millones de pesetas)?

octubre 19, 2008

El presidente de la Xunta de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, se desplaza desde diciembre del año pasado en un coche oficial nuevo. Hasta aquí nada que alegar, porque es de suponer que el anterior estaría para el desguace. El que sea un Audi 8 también hay que dejarlo sin comentario en un país como España, donde todo político que se precie se cree que, desde luego, tiene derecho a coche oficial, y cuanto más grande, más poder porque burro grande ande o no ande. Ni siquiera hay que escandalizarse porque la oposición conservadora del Partido Popular ponga el grito en el cielo. Es su papel decir que el mundo se va a acabar si esto sigue así, obviando que hasta hace tres años y durante otros tantos lustros ella hizo y deshizo a su antojo. Y el PP ahora ha tenido al idea de difundir un comunicado en el que, entre otras cosas, dice que el presidente “habla de austeridad mientras viaja en un coche de 480.000 euros pagado con dinero de todos”. No acaba ahí la cosa, sino que la oposición argumenta que se trata de un “capricho del presidente” que agrede “la salud de las arcas públicas”.

Uno espera que el oscurantismo en el gasto de los lustros anteriores haya terminado para siempre, y por eso confía en una rápida respuesta, con desmentido incluido, de Emilio Pérez Touriño. Porque el PP acierta en una cosa: hablamos de dinero de todos. ¿Y qué sucede? Que desde la Presidencia de la Xunta declinaron ayer ofrecer dato alguno ya que “el coste exacto no se dice nunca por motivos de seguridad”. ¿Seguridad de qué? ¿Qué es lo que peligra si la ciudadanía conoce cuándo ha costado ese coche? ¿Los votos socialistas? Y para rematarla, también desde Presidencia se advierte que el ciudadano Pérez Touriño disfruta de curiosas prerrogativas de las que carecemos el resto de los mortales: “A veces tiene que circular a velocidad más elevada de lo normal”. ¿Por qué? ¿Cuándo es “a veces”? ¿Es que hay un golpe de Estado en marcha? ¿Se encuentra enfermo y necesita un hospital? ¿Ha pasado alguna desgracia que implique su presencia urgente? ¿O las normas de tráfico no rigen para la clase política?

En resumen, incluyendo calidad, fiabilidad, blindaje e inhibidores de frecuencia, ¿de verdad que no hay coches más baratos que 480.000 euros, que vienen siendo casi 80 millones de las antiguas pesetas? ¿De verdad que no tiene razón el PP, aunque algunos creamos que cuando llegue al poder va a hacer exactamente lo mismo?

España, país católico

mayo 28, 2008

España es un país social e históricamente católico. Esto resulta innegable. Pero la Constitución establece que hoy en día carece de religión oficial. No es un Estado laico, pero sí aconfesional. Por eso sorprende que tanto el PSOE como el PP hayan hecho un paréntesis en su batalla dialéctica habitual y hayan unido sus votos con el único fin de derrotar una iniciativa de Izquierda Unida en la que solicitaba que el juramento o promesa de los cargos públicos deje de llevarse a cabo ante la Biblia y un crucifijo.

Por encima de que a unos les parezca bien y a otros mal, resulta difícil no darle la razón a Izquierda Unida con la Constitución democrática en la mano. Porque puede llegar el día -y quizás no esté muy lejano- en que haya un ministro español de pura cepa musulmán o de cualquier otra confesión minoritaria. ¿Tendrá que prometer o jurar ante la Biblia y el crucifijo? ¿Pondrá un Corán? ¿O la representación de cualquier otra deidad? Porque la bandera y la Constitución son las que son, pero la religión pertenece al ámbito privado de cada uno.

PSOE y PP han dado un paso atrás. No en la laicidad o confesionalidad del Estado, sino en el respeto al parecer de todos los que habitan España. No se puede imponer a unos los símbolos de otros, excepto que estemos de acuerdo en que los otros también tienen derecho a imponernos los suyos. Y así empezaron docenas si no cientos de (estúpidas) guerras de religión.

Muerte de un franquista

mayo 19, 2008

Todavía quedan franquistas en España. La enorme mayoría de esa tremenda minoría de ciudadanos añorantes de la sangre y la represión salen a pasear su nostalgia y marginación en fechas señaladas, como el 20 de noviembre, aniversario de la muerte del general Franco. Pero hay algunos que han logrado ascender y ascender. No se trata de adolescentes ignorantes y manipulados que igual estaban con el dictador que podían estar con el Partido Comunista , y que con el tiempo se hacen cruces al recordar ese pasado imberbe. Se trata de hombres hechos y derechos que ocuparon cargos como gobernador civil y jefe provincial del Movimiento Nacional, la organización de Franco, la herramienta de control policial y político durante 40 años.

Roberto García-Calvo era uno de ellos. Fue gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Almería. Un hombre de la dictadura. Un hombre que, ya que en España no se ajustó las cuentas a nadie con la ley en la mano en aras de una supuesta concordia y con grandes dosis de amnesia colectiva, debía de quedarse en un muy discreto segundo plano y dando gracias. Pero el Partido Popular acudió al rescate, con la oposición del PSOE primero y con su aceptación después: Roberto García-Calvo, el hombre que sirvió fielmente en la organización sindical y en el Ministerio de Educación a un régimen inspirado en el fascismo de los años 30, se convirtió en el 2001 en miembro de pleno derecho del Tribunal Constitucional de una democracia. Una paradoja sin comparación por el mundo civilizado adelante.

Esta insólita anomalía remató ayer: la muerte lo sorprendió sin previo aviso. Se reunió así en el más allá con las docenas de miles de fusilados por el franquismo.